Cuando hablamos de desnutrición infantil, muchas veces pensamos que se trata de un solo problema; sin embargo, existen distintos tipos, con causas, señales y tratamientos propios. Entender esa diferencia es clave para poder actuar a tiempo y proteger el desarrollo de niños y niñas, especialmente en sus primeros años de vida.
¿Qué es la desnutrición infantil?
La desnutrición es la manifestación de la carencia de calorías y nutrientes en el organismo. Puede empezar como algo casi imperceptible y, si no se atiende, escalar hasta comprometer seriamente la salud.
Un niño o niña puede llegar a este punto por varias razones: porque no tiene acceso a alimentos suficientes o de buena calidad, porque no recibe los cuidados que necesita, o porque una infección le exige al cuerpo más energía de la que está recibiendo. La lactancia materna juega un papel clave en esto, ya que se recomienda de forma exclusiva hasta los 6 meses de vida y complementaria hasta los 24 meses o más.
Algunos síntomas suelen ser bastante visibles: pérdida de peso, huesos que sobresalen, piel reseca, cabello quebradizo y uñas frágiles. Sin embargo, no toda desnutrición se ve ni se mide de la misma manera, y ahí es donde la desnutrición aguda y la desnutrición crónica se distinguen.
Desnutrición aguda: cuando la falta de peso pone en riesgo la vida
La desnutrición aguda es, de las dos, la más urgente: se presenta cuando el peso baja tanto que la vida corre peligro. Generalmente tiene dos causas inmediatas: no recibir suficientes alimentos o atravesar una enfermedad o infección que le exige al cuerpo más de lo que puede dar.
No todos los casos son iguales. Existen dos niveles, y distinguirlos a tiempo es clave para saber qué tan rápido se debe actuar.
- Desnutrición aguda grave o severa: se determina mediante el peso, la altura y el perímetro del brazo. Se altera casi cualquier proceso vital y el riesgo de mortalidad es alto.
- Desnutrición aguda moderada: la señal de alerta está en la relación entre peso y altura. El riesgo es menor, pero requiere tratamiento inmediato para evitar que se agrave.
Y hay algo importante que vale la pena destacar: la desnutrición aguda sí tiene tratamiento. Con alimentos terapéuticos listos para su uso y, cuando hace falta, antibióticos para prevenir infecciones adicionales, un niño o niña con desnutrición aguda severa o moderada puede recuperarse en cuestión de semanas.
Desnutrición crónica: un retraso que puede ser irreversible
La desnutrición crónica se mide distinto a la aguda: en vez de una caída de peso, lo que se observa es un retraso en el crecimiento, comparando la talla de un niño o niña con la que debería tener para su edad. Es, en el fondo, la imposibilidad de alcanzar la altura que le correspondería, y es uno de los mayores problemas de salud pública en los países más pobres del mundo.
Sus consecuencias se sienten a corto y largo plazo:
- Retraso en el crecimiento físico y cognitivo.
- Mayor susceptibilidad a enfermedades.
- Impacto negativo en el rendimiento escolar y la productividad futura.
Este retraso es el resultado de una carencia de nutrientes sostenida en el tiempo, muchas veces desde el embarazo y durante los primeros dos años de vida de un niño o niña. A diferencia de la desnutrición aguda, no existe un tratamiento que revierta el daño una vez causado. Por eso la prevención, sobre todo en los primeros años de vida, es tan importante.
Cada señal importa
Conocer la diferencia entre desnutrición aguda y crónica no es solo un ejercicio médico; es saber qué señales observar y cuándo buscar ayuda. Un niño o niña que no sube de peso, que se enferma con frecuencia, o que deja de crecer al ritmo que debería, está mandando señales que vale la pena atender a tiempo.
La primera infancia es una ventana de tiempo que no vuelve. Ahí se define buena parte de lo que viene después: la salud, la capacidad de aprender, las oportunidades de toda una vida. Por eso, en Fundación Éxito trabajamos para que cada vez menos familias enfrenten esta realidad solas, y para que más niños y niñas puedan crecer con la nutrición y el cuidado que necesitan. Entender el problema es el primer paso para ser parte de la solución.

