¿Cuánto le cuesta a Colombia no invertir en la
infancia Colombiana?
#LosRumoresNoAlimentanLasGoticasSí
En Colombia nacen, en promedio, 1.240 bebés cada día, que llegan a un país donde la inversión en infancia sigue estando por debajo del umbral mínimo: apenas el 0,84 % del PIB, lejos del 1,16 % recomendado por la ONU, Unicef y la Cepal, y por debajo de países como Perú o Chile, que destinan cerca del 1,6 % y son referentes en la atención integral de la infancia.
Hoy, los 13,8 millones de niños, niñas y adolescentes colombianos crecen en medio de brechas que no dan espera. Por ejemplo, entre los menores de 5 años del país, el 10,8 % padece desnutrición crónica, que se traduce en 1 de cada 9 niños. Y la cifra podría ser aún mayor porque los datos provienen de la Encuesta Nacional de Situación Nutricional (ENSIN), con su última versión de 2015.
Esta prevalencia muestra el porcentaje de niños y niñas que han tenido un crecimiento insuficiente —retraso en talla o desnutrición crónica— asociado a factores como una alimentación inadecuada, deficiencias nutricionales, falta de acceso a agua segura y limitaciones en la atención en salud, durante los primeros años de vida, una etapa fundamental para su desarrollo físico y cerebral.
Por eso, invertir en programas de nutrición es fundamental en un país como Colombia. A través del recaudo de las Goticas —sumado a aportes como el reciclaje donado por Grupo Éxito, los recursos propios, las donaciones en línea y el apoyo de aliados— impulsamos la nutrición infantil, beneficiando a más de 790.000 niños y niñas desde 2013.
La campaña “Los rumores no alimentan, las Goticas sí” nace para desmentir creencias erróneas sobre este programa de donación y aclarar dudas. Busca invitar a las personas a informarse, confiar y actuar, entendiendo que cada aporte se transforma en nutrición para miles de niños y niñas. Con esta iniciativa, la Fundación Éxito promueve la transparencia y moviliza a más colombianos a sumarse a una causa de impacto real en la primera infancia.
La preocupante realidad
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los niños y niñas con retraso en talla tienen 20 % menos probabilidades de completar la educación primaria y 30 % menos ingresos en la adultez, perpetuando el ciclo intergeneracional de pobreza y desigualdad.
A esto se suma un aumento del 129 % en los casos de desnutrición aguda, especialmente en territorios vulnerables, según NiñezYa (2026). A la par, el 24,4 % de los menores de 18 años presenta sobrepeso —principalmente entre los 5 y 12 años—, reflejando una doble carga de malnutrición. Esta situación le cuesta al país cerca de 2,4 billones de pesos anuales en enfermedades asociadas, de acuerdo con la misma coalición.
Detrás de estas cifras hay una realidad: la inseguridad alimentaria prevalece en las familias colombianas. Y es que, en el país, el 25,5 % de los hogares la padece; en zonas rurales dispersas, el porcentaje sube al 34,2 %, y alcanza el 31,5 % en familias con al menos un niño(a) menor de 5 años. Los territorios más críticos son: La Guajira, Vaupés, Vichada, Guainía, Amazonas, Chocó y Cauca.
“Las cifras son preocupantes. El país no garantiza las condiciones básicas para la primera infancia en Colombia. La lactancia materna exclusiva, por ejemplo, apenas alcanza el 36,1 % en menores de seis meses (1 de cada 3 niños), muy por debajo del 50 % recomendado por la OMS para 2025. Esto implica que muchos niños están perdiendo una de las herramientas más efectivas para prevenir la desnutrición, fortalecer su sistema inmunológico y asegurar un apego seguro desde el inicio de la vida”, indicó Juan Carlos Burgos, nutricionista de la Fundación Éxito.
En 2025, el 61,2% de las madres lactantes beneficiarias alimentaron a sus hijos exclusivamente con leche materna hasta los 6 meses, tal como lo recomienda la OMS. Es una práctica que celebra la Fundación Éxito porque previene la desnutrición infantil.
La preocupación del nutricionista se acompaña de datos. En Colombia, la duración mediana de la lactancia materna exclusiva en Colombia es baja, situándose en aproximadamente 1,8 meses, según datos del Ministerio de Salud y Protección Social, a pesar de que la OMS recomienda que sea durante los primeros 6 meses.
En esa misma línea, el nutricionista Burgos advierte que “cuando un niño no recibe una nutrición adecuada en sus primeros años, el país no solo pierde en salud, pierde en capacidades, en aprendizaje y en productividad futura. Es una deuda que se acumula con el tiempo y que termina pagando toda la sociedad, es por eso tan importante garantizar el acceso a alimentos nutritivos a las familias, especialmente si tienen niños y niñas”.
Esta realidad también está vinculada a factores como el limitado tiempo que tienen muchas madres cabeza de hogar para lactar a sus hijos, debido a sus largas jornadas laborales y a condiciones que no facilitan esta práctica.
El informe Financiamiento para la seguridad alimentaria y la nutrición en América Latina y el Caribe publicado en 2024 por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el Programa Mundial de Alimentos (WFP, por sus siglas en inglés) y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), estima que la inacción frente al hambre y malnutrición cuesta en promedio el 6,4 % del PIB en países como Colombia.
Mientras que, cerrar la brecha nutricional costaría el 1,5 % del PIB, mucho menos que no hacer nada. ¿Por qué? Porque la desnutrición infantil no se queda en el estómago: se convierte en un problema de desarrollo económico estructural.
Los niños y niñas con desnutrición crónica podrían experimentar, en la edad adulta, una disminución de hasta 14 puntos en su coeficiente intelectual, cinco años menos de educación y un salario un 54 % inferior. (Lessa Horta, y otros, 2016).
Este diagnóstico reduce la capacidad de aprendizaje y productividad futura, aumenta el gasto en salud y atención social y perpetúa ciclos de pobreza intergeneracional.
Además, estudios de la Cepal indican que la desnutrición infantil puede costar entre el 3 % y el 5 % del PIB, por su impacto en productividad, salud y educación. En este contexto, “la falta de ingresos para acceder a una dieta saludable y nutritiva es una de las principales causas del hambre y la inseguridad alimentaria en la región”, señaló Lola Castro, directora regional del WFP para América Latina y el Caribe.
Sin embargo, acceder a una dieta balanceada implica que una familia colombiana —o de América Latina y el Caribe— destine entre el 20 % y el 50 % de sus ingresos diarios, según el IICA. Esto obliga a muchas a elegir entre alimentos más económicos, pero menos saludables, u opciones nutritivas, sacrificando otras necesidades esenciales.
Un hogar sin violencia
Si bien los recursos recaudados a través de las Goticas se destinan exclusivamente a programas de nutrición infantil, la Fundación Éxito también impulsa iniciativas orientadas a fortalecer la salud mental de madres, padres y cuidadores, con el fin de promover entornos seguros y libres de violencia para niños y niñas.
Sebastián Arbeláez, coordinador del área de Salud Mental de la Fundación Éxito, explica que “es fundamental que los niños crezcan en hogares donde sus cuidadores cuenten con herramientas adecuadas para la gestión de conflictos y eviten conductas agresivas”. Sin embargo, advierte que esta no siempre es la realidad.
Según el Instituto Nacional de Salud (INS), las distintas formas de violencia afectan diariamente a la niñez. “Para un niño o una niña, el hogar debería ser el lugar más seguro del mundo. Sin embargo, cuando crecen en medio de discusiones constantes, gritos o cualquier forma de violencia, su desarrollo emocional se ve afectado desde la base. Estas experiencias impactan su autoestima, sus relaciones y su bienestar a lo largo de la vida. Un hogar sin violencia no es un ideal, es una necesidad para que crezcan seguros y con oportunidades reales”, afirmó Arbeláez.
Sin educación, hay menor desarrollo cognitivo
La Unesco estima que la falta de inversión en educación le cuesta al mundo cerca de 10 billones de dólares al año en pérdida de productividad y crecimiento económico. En Colombia, la deserción educativa representa un costo de al menos $2,8 billones anuales, según el Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana.
A nivel global, un informe de Unicef (2025) advierte que los fondos destinados a la educación de niños y niñas se reducirán en 2026 a 3.200 millones de dólares. Este panorama genera preocupación en Colombia, donde más de 900.000 niños, niñas y adolescentes están fuera del sistema escolar, cifra que podría aumentar, según el Sistema Nacional de Información de Educación Básica (Sineb).
“Cada vez que Colombia —y el mundo— deja de invertir en la infancia, no solo falla en el presente, sino que hipoteca su futuro. Los primeros años de vida son determinantes para el desarrollo físico, cognitivo y emocional, y no garantizar condiciones adecuadas en esta etapa tiene consecuencias a lo largo de la vida. Invertir en nutrición, educación y cuidado en la primera infancia no es un gasto, es la decisión más inteligente que puede tomar un país. Sin embargo, seguimos por debajo de los niveles recomendados, lo que se traduce en oportunidades perdidas para miles de niños y niñas”, expresó Diana Pineda, directora ejecutiva de la Fundación Éxito.
En este sentido, la educación desde la primera infancia es clave para que niños y niñas puedan acceder a oportunidades que les permitan romper el ciclo de pobreza que se perpetúa generación tras generación.



